Entre la Meta y el Resultado. Soñar Despiertos

Ir tras la consecución de una meta, sueño o deseo es parte de la naturaleza humana. Nos motiva, nos esperanza, nos llena de alegría y nos empuja a ir siempre hacia adelante.

Sin embargo, en ese ir que propone el camino del sueño muchas veces desembocamos en la frontera de una línea muy delgada, aquella que se sitúa entre la meta y el resultado.

El ser humano vive de sueños y es así como se olvida de soñar.

Hay una tendencia de nuestra mente, cuando funciona como un mecanismo de defensa, que nos lleva a confundir el sueño o la meta con el resultado.

De repente quiero algo pero condiciono el cómo y eso me ata a una posibilidad entre infinitas posibilidades que la mente no contempla pero que podrían satisfacer plenamente mi deseo si les diera lugar a su manifestación.


¿Sabes lo que quieres?

Quiero mudarme, es una meta. Me mudé a una casa en la calle Los Robles, es el resultado (la consecución palpable de la meta). La meta expresa donde «quiero» llegar, el resultado relata lo que ya ES.

Saber lo que se quiere es el primer paso para salir de la esfera del simple sueño al logro del mismo. Cuando no tengo un norte, una meta definida, y divago en el universo de posibilidades, el resultado (es decir la manifestación) no tiene lugar.

Es como ir a un gran supermercado con el dinero en la mano y no decidir que comprar. La duda te inmoviliza, con lo cual, el resultado no se plasma y el sueño se debilita.

El ser humano se alimenta de sueños y el sueño se nutre de fuerza.

Solo la potencia que le demos a nuestros sueños permitirá que se produzca su consecución. Ahora bien, aferrarse a un resultado desmotiva cuando vemos que el resultado se aleja. La desmotivación es ajena a la naturaleza del sueño. Y allí reside el error.


Limitamos el resultado

Soñamos algo pero queremos que se dé de determinada manera porque nuestra mente se niega a soltar el control y dejar que sea la fuerza del corazón la que sintonice con el vasto universo de posibilidades (de posibles resultados).

En ese aferrarse al resultado, en ir ciegos hacia él, el sueño perdió el condimento que lo caracteriza: el disfrute, y dejó de ser un sueño para convertirse en una idea fija esclava de un resultado estático.

La naturaleza del sueño es el fluir, el disfrute, la motivación, la alegría. Todo lo contrario a esto es nuestra mente empecinada en controlar el proceso que me lleva a lo que creo que es el mejor resultado.


El Cuadro, la Piedra y el Boicot

Pongamos un ejemplo con algo cotidiano, aunque el resultado es aplicable para cualquier situación:

  • Quiero colgar un cuadro.
  • Tengo una caja llena de herramientas para clavar un clavo.
  • Solo veo el martillo.
  • Descubro que el martillo está roto.
  • Me desilusiono.
  • Le quito fuerza a mi sueño.
  • Me pierdo en el boicot de mi mente pensando
  • “Quizá no es una buena idea”.

En ese ofuscamiento, no veo la piedra que clavaría de manera perfecta el clavo en la pared.

Al colocar la mirada en el resultado me pierdo de gozar de la multiplicidad del cómo llegar.

El no considerar las múltiples opciones que el camino nos provee es el principal error que nos sitúa en la línea donde la fluidez de la meta se convierte en el estatismo del resultado.


Murphy entra en el juego

Seguro has escuchado hablar de la Ley de Murphy, especialmente usada para todo lo negativo. Aunque el verdadero espíritu de la ley profesa que sucederá todo lo que puede suceder.

Si algo puede pasar, pasará

Siguiendo con nuestro ejemplo puede que en ese cambiar el cómo lo voy a hacer (el martillo por la piedra) también se modifique el resultado y de repente me encuentre con que la tosquedad de la piedra, en lugar de clavar el clavo rompió la pared.

Quizá la decepción entre a la escena y la mente, una vez más, crea haberse salido con la suya “Sabía que era mala idea tomar la piedra”.

Sin embargo, la meta sigue estando ¡Rompí la pared no el sueño!
¿Desde cuándo empecé a creer que la meta era mantener erguida una pared?


Llegar más allá de la Meta

Las posibilidades se modifican en la medida en que modifico la acción.

Para llegar a la meta es preciso moverse, y en ese fluir, hasta la meta misma consigue desplegarse por completo.
Esto muchas veces logra superar mis expectativas.

Nunca es tarde para levantar una pared y clavar nuevamente un clavo y, mucho menos, para darse cuenta que tras ese muro se ocultaba un hermoso paisaje con lo que ya ni necesito colgar un cuadro.

¿Y si la meta real era tener una mejor vista en la pared?
¿Y si el cuadro era solo el «cómo» que mi mente había pensado?


Lo importante es el viaje

Ir tras un sueño es caminarlo y disfrutar de su paisaje, sorprenderse y dejarse sorprender. Empapados de todo lo que nos lleva hacia él, respirando el momento presente y disponers a la totalidad del ahora.

Solo en la plena conciencia de este instante los sentidos se despliegan plenamente a la contemplación de todo lo que nos rodea para poder tomar lo que decido por propia voluntad.

Sin miedos, sin condicionantes, sin análisis ni especulaciones. Solo observando con plena conciencia lo que me rodea para inclinarme naturalmente a lo que mejor me hace sentir.


Ir al encuentro de mis elecciones, fundirme en un abrazo con la posibilidad manifestada y disfrutar de la verdadera libertad de elegir con la certeza del corazón, nos mantiene en el disfrute del ahora y nos enseña el secreto de soñar despiertos.

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